Los oídos se taponan en el avión cuando la presión de la cabina cambia más deprisa de lo que el oído medio puede igualarla. El tímpano queda entonces con una presión distinta a cada lado, se curva y produce sensación de plenitud, audición apagada o dolor. Tragar, bostezar y realizar una maniobra suave de compensación abren momentáneamente la trompa de Eustaquio y dejan pasar aire.
Suele notarse más durante el descenso. No hace falta esperar a que duela: comenzar a compensar al primer cambio de sensación resulta más fácil que intentar abrir una trompa ya cerrada por una diferencia grande de presión.
El tímpano separa dos espacios de aire
El oído externo termina en el tímpano. Al otro lado está el oído medio, una pequeña cavidad llena de aire que contiene los huesecillos de la audición. Para que el tímpano vibre con libertad, la presión en esa cavidad debe parecerse a la del conducto auditivo externo, que recibe la presión de la cabina.
El oído medio no está sellado por completo. Se comunica con la parte posterior de la nariz y la garganta mediante la trompa de Eustaquio. Normalmente permanece cerrada y se abre brevemente al tragar, bostezar o activar ciertos músculos del paladar.
Ese pequeño conducto actúa como válvula de compensación. Si permite salir o entrar aire a tiempo, apenas notamos un chasquido. Si está inflamado o no se abre, la diferencia empuja el tímpano. Por eso el tapón se siente dentro aunque no haya acumulación de cera en el conducto externo.
Por qué el aterrizaje suele molestar más
La cabina de un avión comercial está presurizada, pero no mantiene una presión idéntica durante todo el vuelo. Al ascender, la presión de la cabina disminuye. El aire que ya estaba en el oído medio se expande y suele empujar la trompa desde dentro, facilitando su salida hacia la garganta.
Durante el descenso sucede lo contrario: la presión de la cabina aumenta y el oído medio queda, durante unos momentos, a una presión menor. Para equilibrarse necesita que entre aire desde la garganta. La presión exterior empuja el tímpano hacia dentro y puede contribuir a mantener colapsada la trompa, de modo que abrirla exige algo más de trabajo.
La Administración Federal de Aviación de Estados Unidos describe precisamente esa diferencia y recomienda compensar de forma periódica durante el descenso. La rapidez del cambio, la anatomía de cada persona y el estado de la nariz determinan cuánto se nota.
Un oído puede destaponarse antes que el otro. Las dos trompas no tienen por qué abrirse con la misma facilidad y una fosa nasal puede estar más congestionada. El breve desequilibrio incluso puede provocar algo de mareo; si el vértigo es intenso o persiste, merece valoración médica.
Qué hacer desde que el avión empieza a bajar
Una secuencia sencilla suele bastar:
- Mantente despierto durante el descenso. Al dormir tragamos menos y podemos pasar por alto las primeras señales de presión.
- Traga con frecuencia. Da sorbos de agua, mastica chicle o chupa un caramelo si puedes hacerlo con seguridad. El objeto no «absorbe» presión: provoca movimientos repetidos de deglución.
- Bosteza de forma amplia. Aunque sea fingido, mover mandíbula y paladar puede activar los músculos que abren la trompa.
- Si no se libera, prueba una compensación suave. Cierra la boca, pinza la nariz y sopla con mucha delicadeza como si intentaras expulsar aire por ella. Para en cuanto notes un pequeño chasquido o alivio.
- Repite pronto, no con más fuerza. Varias maniobras leves suelen ser preferibles a una sola cuando el dolor ya es intenso.
La maniobra del cuarto paso se conoce como Valsalva. El consejo de ENT Health, de la academia estadounidense de otorrinolaringología, es explícito: soplar suavemente, no de manera forzada. Una presión excesiva puede irritar o lesionar las estructuras del oído, sobre todo si ya existe dolor intenso.
Otra opción es pinzar la nariz y tragar, sin soplar. Esta maniobra combina el movimiento natural de la deglución con la nariz cerrada. Cada persona nota mejor una técnica distinta; ninguna debería producir un dolor agudo.
Lo que conviene evitar
No introduzcas bastoncillos ni otros objetos en el oído. La presión se encuentra detrás del tímpano, por lo que limpiar el conducto no la corrige y puede empujar cera o dañar la piel.
Tampoco encadenes maniobras violentas. Si soplar suavemente no funciona, una fuerza mayor no garantiza que la trompa se abra. Cuando la diferencia de presión ya ha cerrado sus paredes, forzar puede transmitir demasiada presión al oído interno.
Los tapones con filtro para vuelos se venden para regular el cambio y algunas personas los encuentran cómodos por la reducción de ruido. Sin embargo, un ensayo en cámara de presión no encontró que previniesen el barotrauma y no pudo recomendarlos con ese fin. No abren la trompa de Eustaquio ni sustituyen la deglución. Un tapón convencional para el ruido tampoco trata la causa, aunque pueda reducir el sonido de la cabina.
Evita dormir durante los últimos tramos si sueles tener problemas. No es necesario permanecer despierto todo el vuelo: interesa poder tragar y reaccionar cuando comienza el descenso.
Resfriado, alergia e inflamación: la combinación difícil
Un resfriado, una sinusitis o una alergia activa hinchan la mucosa alrededor de la entrada de la trompa. El paso de aire se estrecha y la compensación cuesta más. La información de MedlinePlus sobre barotrauma identifica la congestión como un factor de riesgo importante.
Si el viaje puede aplazarse y la congestión es intensa, hacerlo reduce el riesgo de dolor y lesión. Cuando no sea posible, una persona con alergia conocida debería seguir su tratamiento habitual según la pauta indicada y consultar con antelación si ha sufrido bloqueos fuertes en otros vuelos.
Los descongestionantes nasales u orales pueden ayudar a algunas personas, pero no son inocuos ni adecuados para todo el mundo. Pueden plantear problemas en embarazo, hipertensión, enfermedad cardiaca, glaucoma, alteraciones tiroideas o al combinarse con determinados medicamentos. Los aerosoles descongestionantes usados demasiados días pueden causar congestión de rebote.
Por eso no conviene estrenar un fármaco en la puerta de embarque por recomendación informal. El NHS aconseja consultar con un profesional o farmacéutico cuando existen enfermedades, embarazo u otros tratamientos, respetar el prospecto y limitar los aerosoles al periodo indicado. Un spray salino puede humedecer y limpiar la nariz, pero no produce la misma vasoconstricción ni garantiza que el oído se abra.
Cómo ayudar a bebés y niños pequeños
Las trompas de Eustaquio infantiles son más estrechas y los bebés no pueden realizar una maniobra voluntaria. La estrategia consiste en provocar degluciones durante el cambio de presión.
La Academia Americana de Pediatría recomienda amamantar, ofrecer biberón o usar chupete durante despegue y aterrizaje. Lo importante es la succión y el trago; no es necesario despertar al bebé mucho antes, sino coordinarlo en lo posible con la fase de descenso.
En niños mayores funcionan pequeños sorbos y, si tienen edad para masticarlo sin riesgo, chicle. No se debe dar un medicamento sedante para que duerman ni un descongestionante infantil sin indicación profesional. Si ha habido cirugía de oído o una infección reciente, conviene preguntar al pediatra antes del vuelo.
Cuando el tapón se convierte en barotrauma
Una molestia leve que se resuelve al aterrizar es muy común. Cuando la diferencia se mantiene, puede aparecer barotrauma: el tímpano se retrae, los tejidos se inflaman y puede acumularse líquido o sangre en el oído medio. En casos poco frecuentes, el tímpano se perfora.
Las señales habituales son dolor, oído lleno y audición amortiguada. La mayoría de los episodios leves mejora sola en horas. Tras aterrizar se puede seguir tragando y bostezando, pero no conviene insistir con Valsalvas fuertes sobre un oído muy dolorido.
Solicita valoración si el dolor es intenso, no cede tras unas horas o la audición sigue claramente reducida. También si aparece fiebre, secreción o sangre por el oído. Una pérdida auditiva súbita marcada, un zumbido fuerte nuevo o vértigo persistente requieren atención rápida, porque pueden indicar afectación más allá de un bloqueo leve.
Quien sufre dolor severo en casi todos los vuelos debería consultar con otorrinolaringología antes del siguiente. Puede haber una disfunción mantenida de la trompa, inflamación nasal u otro factor tratable. En situaciones seleccionadas existen dispositivos de autoinflado y procedimientos médicos, pero no son necesarios para la mayoría de viajeros.
La idea clave para el próximo vuelo
El «pop» del oído no es una burbuja ni cera que se mueve. Es aire atravesando una válvula anatómica para equilibrar el tímpano. Durante el descenso, presta atención a las primeras señales y facilita esa apertura con tragos, bostezos y, si hace falta, una compensación muy suave.
El mejor gesto es temprano y repetido. Si hay congestión importante o antecedentes de dolor intenso, planificarlo antes del viaje resulta más seguro que intentar vencer la presión a la fuerza una vez en el aire.



