Curiosidades explicadas

Por qué el agua del mar es salada

La lluvia arranca iones de las rocas, los ríos los llevan al océano y la evaporación deja allí las sales; pero esa es solo la mitad de la historia.

Río desembocando en el mar entre una costa rocosa y agua azul turquesa

El agua del mar es salada porque contiene iones procedentes, sobre todo, de las rocas. La lluvia y los ríos los transportan hasta el océano; después, cuando parte del agua se evapora, esos materiales disueltos se quedan. El proceso lleva funcionando millones de años, aunque eso no significa que el mar acumule sal sin límite.

La respuesta completa se entiende mejor como un ciclo: hay entradas de sustancias disueltas, transformaciones dentro del océano y también salidas que retiran parte de ellas.

La sal del mar no sale de un salero subterráneo

En química, una sal no es únicamente el cloruro de sodio que usamos en la cocina. El agua marina contiene diferentes iones: átomos o grupos de átomos con carga eléctrica que permanecen disueltos. Los más abundantes son el cloruro y el sodio, que juntos representan alrededor del 85 % de los iones disueltos según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA). También hay sulfato, magnesio, calcio, potasio y otros componentes en cantidades menores.

Por eso, evaporar agua de mar no produce exactamente la misma mezcla que echar sal de mesa en un vaso. El sabor salado se debe principalmente al cloruro de sodio, pero la composición real es mucho más variada.

La salinidad media del océano ronda los 35 gramos de sales por kilogramo de agua marina, una proporción que suele expresarse como 35 partes por mil. Es una media, no una receta idéntica para todos los mares.

El viaje comienza con la lluvia y las rocas

El agua de lluvia incorpora dióxido de carbono del aire y del suelo. Así se vuelve ligeramente ácida, sin que eso la convierta en un líquido peligroso. Esa débil acidez ayuda a alterar los minerales de las rocas mediante reacciones muy lentas.

La erosión física rompe las rocas en fragmentos; la meteorización química transforma algunos de sus minerales y libera iones. El agua que circula por el terreno recoge una pequeña parte de ellos. Arroyos, acuíferos y ríos acaban transportándolos hacia lagos y océanos.

No hace falta que un río parezca turbio. Una sustancia disuelta no se distingue como un grano de arena: está repartida a escala molecular. El agua transparente también puede llevar calcio, bicarbonato, sodio, cloruro y muchos otros iones.

Recorrido de los iones desde las rocas hasta el océano y sus principales vías de salida
La meteorización libera iones, los ríos los transportan y el océano los intercambia con organismos, sedimentos y fondo marino.

Si los ríos llevan sales, ¿por qué no saben como el mar?

Los ríos sí contienen sales, pero normalmente en una concentración mucho menor. Además, su agua está en movimiento: recibe lluvia, atraviesa el territorio y continúa hacia otro depósito. El océano, en cambio, es el gran destino final de la mayor parte de esa escorrentía.

Hay otra diferencia decisiva. La energía solar evapora continuamente agua de la superficie marina. Las moléculas de agua pasan a la atmósfera, mientras que la inmensa mayoría de los iones disueltos no se evaporan con ellas. El vapor forma nubes y vuelve como lluvia o nieve con muy pocas sales. Es una especie de destilación natural a escala planetaria.

El resultado no es que cada gota procedente de un río vuelva salado el océano de inmediato. Cada aporte es pequeño, pero el sistema ha funcionado durante periodos geológicos. La diferencia entre la concentración de un río y la del mar es fruto de esa historia acumulada y del ciclo del agua.

El fondo oceánico también participa

Las rocas continentales son una fuente principal, pero no la única. El agua de mar entra por grietas del fondo, se calienta cerca de zonas volcánicas y reacciona con las rocas. En los sistemas hidrotermales puede perder unos iones y adquirir otros antes de regresar al océano.

Las erupciones submarinas y la disolución de depósitos salinos también aportan sustancias. Esta parte del proceso impide imaginar el océano como un simple cubo donde desembocan ríos: es un medio químicamente activo que intercambia materiales con la corteza terrestre.

Las fuentes no incorporan todos los iones en la misma proporción. Tampoco todos permanecen el mismo tiempo en el agua. Algunos reaccionan con rapidez; otros pueden circular por el océano durante periodos muy largos.

Entonces, ¿el mar se vuelve más salado cada año?

No en el sentido sencillo de sumar indefinidamente todo lo que llega. El océano también retira sales del agua mediante varios mecanismos:

  • organismos marinos emplean ciertos iones para construir conchas, esqueletos o tejidos;
  • partículas y restos biológicos se depositan en el fondo y pasan a formar sedimentos;
  • algunos iones reaccionan con arcillas y minerales;
  • la circulación por la corteza oceánica transforma el agua y extrae determinados componentes;
  • en cuencas restringidas, la evaporación intensa puede precipitar capas de minerales salinos.

La NOAA explica que, a escala global, las entradas y las salidas actuales parecen compensarse aproximadamente. Hablar de un equilibrio no significa que cada año sea idéntico ni que se conozca cada flujo con precisión absoluta. Significa que el océano moderno no muestra una subida rápida y continua de su salinidad total.

Tampoco se puede calcular la edad del océano dividiendo simplemente toda su sal por la cantidad que llevan hoy los ríos. Esa cuenta ignoraría las salidas, los cambios de caudal, la evolución de la corteza y una historia geológica muy distinta de la actual.

No todos los mares tienen la misma salinidad

Contraste entre un mar con mucha evaporación, una desembocadura fluvial y una zona polar
Evaporación, lluvia, ríos y formación o deshielo del hielo marino hacen variar la salinidad de cada región.

La media de 35 partes por mil oculta diferencias importantes. La salinidad superficial cambia según el balance entre agua que sale y agua dulce que entra:

  • mucha evaporación y poca lluvia tienden a elevarla;
  • precipitaciones abundantes y desembocaduras de grandes ríos la reducen;
  • el deshielo añade agua dulce;
  • cuando se forma hielo marino, gran parte de la sal queda fuera del cristal y aumenta la salinidad del agua cercana;
  • las corrientes mezclan y transportan masas de agua con historias distintas.

Un mar casi cerrado y situado en un clima seco puede ser más salino que el océano abierto. Cerca de la desembocadura de un río se forma una transición entre agua dulce y salada llamada estuario. En regiones polares, la situación cambia con las estaciones, el hielo y el aporte continental.

Estas diferencias influyen en la densidad del agua y, junto con la temperatura, ayudan a mover parte de la circulación oceánica. También condicionan qué organismos pueden vivir en cada entorno.

¿Por qué el océano conserva proporciones tan parecidas?

La cantidad total de salinidad varía, pero en gran parte del océano abierto las proporciones entre los iones mayoritarios son bastante estables. La mezcla por olas y corrientes y el largo tiempo que algunos de esos iones permanecen disueltos contribuyen a esa regularidad.

Esto permite estimar la salinidad midiendo propiedades relacionadas, como la conductividad eléctrica. No es necesario evaporar un cubo de agua y pesar sus residuos cada vez. Los oceanógrafos usan instrumentos que registran conductividad, temperatura y profundidad para describir las masas de agua.

La uniformidad tiene límites. Cerca de fuentes hidrotermales, desembocaduras, fondos con salmueras o zonas de evaporación intensa puede haber composiciones particulares. La regla sirve para el océano abierto, no para cualquier muestra tomada en cualquier lugar.

Tres ideas que suelen confundirse

«La sal viene de los ríos»

Es correcto, pero incompleto. Los ríos transportan iones liberados en los continentes; el fondo oceánico también intercambia sustancias y el propio océano elimina otras.

«La evaporación crea la sal»

La evaporación no fabrica iones. Retira agua y concentra los que ya estaban disueltos. Cuando el agua vuelve como lluvia, reinicia el transporte desde los continentes.

«El océano es igual de salado en todas partes»

La mezcla global mantiene una composición general reconocible, pero la concentración cambia por evaporación, precipitaciones, ríos, hielo y corrientes.

La sal del mar cuenta, por tanto, una historia mucho más amplia que la de un mineral disuelto. Une el desgaste de las montañas, el recorrido de los ríos, la energía solar, la química del fondo oceánico y la vida marina. El agua circula una y otra vez; muchos de sus iones recorren un camino más lento y permanecen en el gran depósito oceánico hasta que alguna reacción los devuelve a las rocas o a los sedimentos.