Ciencia y naturaleza

Cómo se producen las mareas y por qué no son iguales en todas las costas

La Luna pone en marcha el ritmo principal de las mareas, pero la forma de las costas, la profundidad y el tiempo atmosférico deciden cómo llega ese ritmo a cada playa. Entender ambas partes ayuda a leer una predicción con sentido.

Estuario costero en bajamar con canales de agua y amplias llanuras de arena húmeda expuestas

La marea no es una ola gigantesca que viaje desde la Luna ni una subida del mar que ocurra a la misma hora en todo el planeta. Es una oscilación periódica del nivel del océano causada principalmente por las diferencias de atracción gravitatoria de la Luna sobre distintas partes de la Tierra. El Sol también interviene. Después, continentes, fondos marinos y bahías transforman esa señal astronómica hasta producir el horario y la altura propios de cada costa.

Esta distinción resuelve muchas aparentes contradicciones. La Luna explica el ritmo de fondo, pero no basta para calcular a simple vista cuándo habrá pleamar en una playa. Para eso hacen falta observaciones locales, modelos y tablas de predicción.

La clave no es cuánto atrae la Luna, sino cuánto cambia esa atracción

La gravedad lunar actúa sobre todo el planeta. Sin embargo, la cara terrestre más próxima a la Luna está algo más cerca de ella y siente una atracción mayor que el centro de la Tierra. En la cara opuesta, la atracción es ligeramente menor. Esas diferencias —las fuerzas de marea— redistribuyen el agua y deforman un poco tanto los océanos como la Tierra sólida.

En el modelo ideal de un planeta completamente cubierto por un océano uniforme aparecen dos abultamientos: uno orientado aproximadamente hacia la Luna y otro en el lado contrario. Entre ambos hay dos zonas de nivel más bajo. NASA explica que el abultamiento lejano no significa que la Luna empuje el agua hacia fuera: allí su atracción es más débil que la que ejerce sobre el conjunto del planeta. El fenómeno se entiende comparando fuerzas, no imaginando una parte del océano fuera del alcance de la gravedad.

Diagrama de la Tierra y la Luna con una envoltura oceánica alargada en dos abultamientos opuestos
La atracción lunar es mayor en el lado próximo y menor en el lejano; esa diferencia redistribuye el agua en dos abultamientos en el modelo ideal.

La Tierra gira dentro de ese patrón, mientras la Luna avanza en su órbita. Por eso un lugar tarda unos 24 horas y 50 minutos en volver a quedar en la misma posición respecto a la Luna: es el día lunar. En un régimen semidiurno ideal se suceden dos pleamares y dos bajamares durante ese intervalo, con unas 12 horas y 25 minutos entre dos pleamares consecutivas. La bajamar intermedia llega aproximadamente a mitad de camino.

Son cifras orientativas, no un cronómetro universal. En la costa real, los máximos no tienen por qué coincidir con el paso de la Luna por el meridiano y los intervalos pueden ser desiguales.

El Sol también levanta mareas

Aunque está muchísimo más lejos, el Sol ejerce una fuerza de marea apreciable por su enorme masa. Su efecto es menor que el lunar, pero modifica la amplitud según la geometría del sistema:

  • En luna nueva y luna llena, Sol, Tierra y Luna están aproximadamente alineados. Las componentes solar y lunar se refuerzan y aumenta la diferencia entre pleamar y bajamar. Son las mareas vivas.
  • En cuarto creciente y cuarto menguante, las direcciones hacia el Sol y la Luna forman aproximadamente un ángulo recto vistas desde la Tierra. Sus efectos se compensan en parte y el rango disminuye. Son las mareas muertas.
Comparación superior de Sol, Tierra y Luna alineados en mareas vivas e inferior formando ángulo recto en mareas muertas
La alineación refuerza el rango de la marea; la disposición en ángulo recto lo reduce. «Viva» y «muerta» describen amplitud, no ausencia de movimiento.

El término inglés spring tide a veces se traduce mal como «marea de primavera». No guarda relación con la estación: hay mareas vivas aproximadamente dos veces por mes lunar. Tampoco significa que todas las pleamares vivas alcancen idéntica altura. Las distancias variables a la Luna y al Sol, la declinación de ambos astros y numerosos ciclos astronómicos modulan el resultado. Una marea viva cercana al perigeo lunar puede ser especialmente amplia, pero no tiene por qué causar por sí sola una inundación.

Por qué dos playas próximas pueden comportarse de forma distinta

El dibujo de dos abultamientos sirve para aprender el origen, no para predecir un puerto. Los océanos no forman una capa libre y uniforme: los continentes bloquean el movimiento; la profundidad modifica la velocidad de las ondas de marea; la rotación terrestre las desvía; y el rozamiento disipa energía. El agua se organiza en ondas que recorren y giran dentro de las cuencas oceánicas.

La forma local puede amplificar o amortiguar esa oscilación. Una bahía que se estrecha y cuya longitud favorece la resonancia puede concentrar el agua y alcanzar un rango grande. En otro litoral abierto, la variación puede ser mucho menor. Un canal, una ría o un estuario también puede retrasar la pleamar tierra adentro y generar corrientes intensas aunque la altura no parezca extraordinaria.

Así aparecen tres patrones principales:

Semidiurno. Suele haber dos pleamares y dos bajamares de altura parecida cada día lunar.

Diurno. Predominan una pleamar y una bajamar.

Mixto. También puede haber dos ciclos, pero las alturas sucesivas son muy desiguales.

Incluso el tipo puede variar a lo largo de una costa. Preguntar «¿a qué hora sube la marea en España?» carece de una respuesta única: hace falta indicar el punto y el día.

Marea, oleaje y nivel meteorológico no son lo mismo

En la orilla se superponen varios movimientos. La marea astronómica es la parte periódica que puede calcularse a partir de las posiciones del Sol y la Luna y de muchos años de observaciones. El oleaje son oscilaciones mucho más rápidas, generadas sobre todo por el viento, que rompen en la costa. Las corrientes de marea son el movimiento horizontal asociado al llenado y vaciado: se habla de flujo cuando entra agua y reflujo cuando sale.

La atmósfera añade otra variación. Viento persistente hacia la costa puede acumular agua; viento de tierra puede alejarla. La presión baja tiende a elevar el nivel respecto al previsto y la alta, a reducirlo. Puertos del Estado denomina residuo meteorológico a esta contribución, que se suma a la marea astronómica en el nivel observado.

Por eso una tabla puede acertar el momento del máximo astronómico y, aun así, el agua real quedar por encima o por debajo. El Instituto Hidrográfico de la Marina advierte de que sus alturas y horas no incluyen efectos meteorológicos, que pueden ser significativos. Para decisiones sensibles conviene consultar también viento, presión, oleaje y avisos costeros.

Una marea de tormenta no es simplemente una pleamar grande. Es la elevación causada por la tormenta —sobre todo viento y presión—, capaz de coincidir con una pleamar viva y empeorar una inundación. Que haya luna llena no demuestra que la Luna haya causado los daños: hay que separar las contribuciones.

Cómo leer una tabla de mareas sin engañarse

Una tabla básica ofrece, para un lugar concreto, las horas y alturas previstas de pleamar y bajamar. Antes de usarla, comprueba cinco cosas:

  1. El punto de referencia. Elige el puerto o localidad más próximos y averigua si es un puerto principal o una estimación para un punto secundario. En zonas complejas, unos kilómetros pueden importar.
  2. La zona horaria. Algunas publicaciones usan UTC. El Anuario de Mareas de la Armada indica expresamente que hay que sumar el adelanto oficial correspondiente en la Península o Canarias. Una aplicación puede mostrar ya hora local; no lo des por supuesto.
  3. La referencia vertical. La altura no se mide desde la arena ni desde el nivel instantáneo. En las cartas náuticas españolas suele referirse al cero hidrográfico. No permite deducir directamente cuánta playa quedará seca.
  4. El rango. Resta la altura de la bajamar a la de la pleamar siguiente. Ese valor ayuda a comparar la amplitud del ciclo, pero no informa por sí solo de la fuerza de la corriente.
  5. Las condiciones reales. Contrasta la predicción astronómica con el servicio de nivel del mar y la meteorología. Puertos del Estado ofrece en Portus predicciones y observaciones para la costa española y explica qué parte corresponde a marea y cuál al residuo atmosférico.

Entre dos extremos el nivel cambia de manera continua, pero no suele hacerlo a velocidad constante. La regla popular de dividir el rango en doce partes puede dar una aproximación grosera en un ciclo regular; no sustituye las curvas oficiales, las tablas suplementarias ni el conocimiento local. Cerca de estrechos, barras o estuarios, la hora de máxima corriente tampoco tiene por qué coincidir exactamente con la media marea.

Una comprobación útil antes de ir a la costa

Supón que quieres caminar hasta una cala accesible solo con la marea baja. No basta con mirar que la bajamar sea a las 17:00. Pregunta cuánto dura realmente el paso seguro, si la ruta queda aislada antes del máximo, qué altura se prevé, si el lugar de la tabla representa bien esa cala y qué harán viento y oleaje. Deja margen para regresar; una bajamar es un instante de cambio de tendencia, no varias horas de inmovilidad.

En marismas y llanuras intermareales, el agua puede avanzar por canales detrás de quien camina. En cuevas, acantilados, espigones y bancos de arena, una pequeña variación de altura transforma la salida. Para navegación, buceo o actividades profesionales se necesitan publicaciones náuticas, avisos y asesoramiento apropiados, no una captura genérica de internet.

La explicación completa cabe en una frase con dos mitades: la Luna y el Sol generan la señal; los océanos y la atmósfera deciden cómo la experimentamos. Esa es la razón de que las mareas sean predecibles sin ser idénticas, y de que una tabla local sea mucho más útil que tratar de calcularlas mirando al cielo.