Tras un terremoto, dos personas separadas por pocos kilómetros pueden contar experiencias muy distintas. Una apenas nota que vibra una lámpara; la otra ve caer objetos y encuentra grietas en un edificio vulnerable. Sin embargo, ambas noticias pueden hablar de «magnitud 5,2». No hay contradicción: magnitud e intensidad responden a preguntas diferentes.
La magnitud intenta expresar el tamaño del terremoto en su fuente mediante registros instrumentales. La intensidad clasifica la fuerza de la sacudida y sus efectos en cada lugar. La primera permite comparar el fenómeno que se ha originado bajo tierra; la segunda ayuda a dibujar cómo se ha vivido en la superficie.
La diferencia esencial en una mirada
| Magnitud | Intensidad | |
|---|---|---|
| Pregunta que responde | ¿Qué tamaño tuvo el terremoto en su fuente? | ¿Cómo fue la sacudida en este lugar? |
| Se obtiene sobre todo de | Sismogramas y modelos de la fuente | Observaciones de personas, objetos, edificios y entorno |
| Cuántos valores hay | Un valor de referencia para el suceso, aunque las estimaciones puedan revisarse | Muchos valores: uno para cada zona estudiada |
| Cómo se expresa | Número decimal y tipo de magnitud, por ejemplo, Mw 5,2 | Grado en números romanos, por ejemplo, intensidad V EMS-98 |
| Depende de la distancia al epicentro | No: caracteriza la fuente | Sí, aunque también influyen profundidad, suelo y edificios |
| Escala habitual | Magnitud momento, Mw, y otras según el caso | En España y Europa, EMS-98 |
Una regla para recordarlo: la magnitud pertenece al terremoto; la intensidad pertenece al lugar. Es una simplificación útil, siempre que se añada un matiz: la magnitud también es una estimación científica, no una etiqueta que el terremoto traiga escrita.
Magnitud: el tamaño estimado en el origen
Un terremoto comienza cuando una zona de una falla se rompe y los bloques se desplazan. Ese proceso libera energía y genera ondas sísmicas. Las estaciones registran el movimiento del suelo; los sismólogos corrigen la influencia de la distancia, el instrumento y el tipo de onda para estimar una magnitud.
La magnitud es logarítmica. Una unidad más no significa «un poco más»: en las escalas habituales corresponde a diez veces más amplitud registrada bajo condiciones comparables y, aproximadamente, 32 veces más energía. Un seísmo de magnitud 6 no libera el doble que uno de magnitud 5. La comparación energética aproximada es de 32 a 1; entre magnitud 7 y 5, ronda 32 × 32, es decir, unas mil veces.
Ese cálculo no permite predecir directamente los daños. La energía se reparte en distintas frecuencias y direcciones, la ruptura puede ser profunda o superficial y las ondas recorren terrenos diferentes. Dos terremotos de igual magnitud no tienen por qué sacudir del mismo modo una ciudad.
Tampoco es correcto hablar de «6 grados de magnitud». La magnitud no se expresa en grados: se dice magnitud 6 o, con más precisión, Mw 6,0 si se conoce el tipo. Los decimales tienen sentido porque la escala es continua y abierta; no termina en 10.
Intensidad: la experiencia local de la sacudida
La intensidad se asigna a partir de efectos observables en una localidad: cuántas personas sintieron el movimiento, qué hicieron los objetos, cómo respondieron los edificios y qué cambios aparecieron en el entorno. En España se emplea la Escala Macrosísmica Europea de 1998, o EMS-98, con doce grados de I a XII.
No es una simple escala de daños. En los niveles bajos se apoya sobre todo en lo que perciben las personas y en el movimiento de objetos. A partir de grados mayores cobran importancia los daños, pero se valoran teniendo en cuenta la vulnerabilidad de los edificios. Una pequeña fisura en una construcción frágil no equivale automáticamente a un grado elevado, del mismo modo que la ausencia de colapso en un edificio bien diseñado no demuestra una sacudida débil.
La definición oficial de la EMS-98 publicada por el IGN organiza cada grado en tres grupos: efectos en personas, efectos en objetos y naturaleza, y daños en edificios. A grandes rasgos:
- I no se siente, ni siquiera en condiciones favorables.
- II–IV abarca desde casos aislados hasta una observación amplia dentro de edificios, sin daños.
- V–VI puede alarmar, desplazar objetos y causar daños leves en parte de los edificios vulnerables.
- VII–IX implica daños crecientes y efectos graves en construcciones según su vulnerabilidad.
- X–XII describe destrucción muy severa y efectos extremos, infrecuentes.
Estos resúmenes no sustituyen los criterios completos. Para asignar intensidad, los especialistas analizan conjuntos de testimonios y edificios, no una sola fotografía llamativa.
Por qué la intensidad no disminuye en círculos perfectos
En general, la sacudida se debilita al alejarse de la ruptura, pero un mapa real no parece una diana regular. Intervienen varios factores:
Profundidad. Un terremoto superficial puede producir una sacudida intensa cerca de la falla incluso con magnitud moderada. En uno profundo, las ondas recorren más distancia antes de alcanzar la superficie y la energía se distribuye de otra manera.
Distancia a la ruptura, no solo al epicentro. El epicentro es el punto de la superficie situado sobre el inicio de la ruptura. En un gran terremoto, la falla puede romper decenas o cientos de kilómetros; una población alejada del epicentro podría estar cerca de otro tramo de la ruptura.
Dirección de propagación. La ruptura puede avanzar de forma que concentre energía hacia un sector, fenómeno conocido como directividad.
Terreno. Sedimentos blandos y cuencas pueden amplificar ciertas frecuencias o prolongar el movimiento frente a una roca firme próxima. Eso no significa que todo suelo blando se comporte igual: espesor, forma y propiedades importan.
Edificios. Altura, materiales, diseño, mantenimiento y cumplimiento normativo condicionan la respuesta. Un edificio puede resonar con determinadas frecuencias y otro vecino no.
Por eso dos puntos a idéntica distancia del epicentro pueden recibir intensidades diferentes. Las líneas que unen lugares de igual intensidad, llamadas isosistas, suelen dibujar contornos irregulares.
El mismo seísmo puede aparecer con varias magnitudes publicadas
Decir que un terremoto tiene «una magnitud» no implica que todos los centros produzcan al instante el mismo decimal. Hay distintas escalas y métodos, adecuados para rangos de tamaño, distancias y tipos de onda diferentes. Además, las primeras estimaciones se calculan con pocas estaciones y después se incorporan más registros.
La conocida escala de Richter era una magnitud local, ML, desarrollada para unos instrumentos y una región concretos. El nombre ha sobrevivido en el lenguaje popular, pero para terremotos grandes y comparaciones globales se usa habitualmente la magnitud momento, Mw. Esta se relaciona con el momento sísmico: combina el área de falla que se ha roto, el deslizamiento y la rigidez de las rocas.
El USGS aclara que procedimientos distintos pueden dar estimaciones algo diferentes para el mismo evento. Por eso un catálogo puede actualizar, por ejemplo, 4,7 a 4,6 sin que haya ocurrido un segundo terremoto ni se haya «reducido» el original. Se ha refinado el cálculo.
No conviene comparar cifras sin mirar el subíndice: ML, mb, Ms o Mw no son nombres decorativos. En el próximo análisis instrumental de un centro sismológico, el tipo de magnitud y el estado provisional o revisado aportan contexto.
Dos casos imaginarios para no volver a confundirlas
Caso A: magnitud moderada, intensidad local notable
Un terremoto superficial de magnitud 4,8 ocurre muy cerca de una localidad asentada sobre sedimentos. En esa población alcanza intensidad VI EMS-98 y aparecen daños leves en algunos edificios vulnerables. A cien kilómetros apenas se siente. Su magnitud sigue siendo 4,8 en ambas ciudades; las intensidades son distintas.
Caso B: gran magnitud, intensidad débil en tu ciudad
Un terremoto de magnitud 7,2 sucede a gran distancia. Los instrumentos lo registran con claridad, pero en tu ciudad solo algunas personas en pisos altos perciben un balanceo: intensidad II o III. La baja intensidad local no convierte el suceso en pequeño. Cerca de la ruptura podría haber intensidades mucho mayores.
Cómo leer bien una noticia sísmica
Cuando encuentres una cifra, haz cuatro preguntas:
- ¿Dice magnitud o intensidad? Si aparecen romanos como VI, probablemente es intensidad. Un decimal como 5,3 suele ser magnitud.
- ¿Qué escala o tipo utiliza? Busca Mw, ML u otro subíndice; para intensidad en España, comprueba si es EMS-98.
- ¿El dato es provisional? Las agencias revisan localización, profundidad y magnitud al incorporar estaciones y análisis manual.
- ¿A qué lugar se refiere el efecto? «Sentido con intensidad IV» necesita una localidad. La intensidad máxima observada no describe todo el territorio.
No deduzcas víctimas a partir de la magnitud. El riesgo surge de combinar amenaza sísmica, exposición y vulnerabilidad: importa dónde ocurre, a qué profundidad, cuánta población hay, cómo están construidos los edificios y si se desencadenan deslizamientos, licuefacción o tsunami.
Los cuestionarios ciudadanos también son valiosos. Muchos testimonios bien localizados permiten elaborar mapas de intensidad, incluidos terremotos demasiado antiguos para haber sido registrados por sismómetros modernos. Responder con observaciones concretas —qué se movió, en qué planta estabas, si estabas despierto— resulta más útil que intentar adivinar un grado.
La idea final es sencilla: una magnitud, muchas intensidades. Una cuenta el tamaño estimado de la ruptura; las otras cuentan cómo se repartió la sacudida sobre un territorio real. Juntas describen el terremoto mucho mejor que cualquiera de las dos por separado.



